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LUIS ENRIQUE ERRO

Cápsula 105 del 17 de Julio de 2004

Investigación y Guión: Conti González Báez



Astrónomo, escritor, periodista, funcionario de gobierno, diputado federal, presidente del Congreso de la Unión, miembro del Servicio Exterior Mexicano, Luis Enrique Erro participó destacadamente en muy diversas ramas de la actividad humana.

Hubo dos que fueron las grandes pasiones de su vida: La educación y la Astronomía. En estos campos, jamás escatimó esfuerzo alguno e incluso llegó al sacrificio, disponiendo sin límite de sus nunca abundantes recursos personales.

Luis Enrique Erro nació en la Villa de Chalco, cercana a la Ciudad de México, el 7 de enero de 1897. Su padre era originario de Pamplona, Navarra y su madre de Barcelona, Cataluña, por lo que en sus primeros años de vida se identificó con los grupos de inmigrantes españoles dentro del país, aunque siempre profesó un amor intenso hacia su patria, como lo muestran sus obras.

Debido a la actividad de su padre como administrador de varias haciendas, Luis Enrique cambió de residencia constantemente durante su primera infancia.

Su cariño y afición por la Astronomía se iniciaron cuando tenía 7 años de edad. Su madre, en premio a su buen comportamiento escolar, lo subió a la azotea de su casa en Morelia; bajo el influjo del entusiasmo materno, contempló extasiado la bóveda celeste, que determinó en su vida un camino que nunca abandonó.

La familia se asentó durante algunos años en la ciudad de Morelia, donde Luis Enrique estudió la primaria, en el Colegio Jesuita del Sagrado Corazón de Jesús.

Trasladada la familia a la ciudad de México, cursó la secundaria en el Colegio de Mascarones, también jesuita. Esta educación le proporcionó una estricta disciplina en el estudio y contribuyó a su formación científica.

También fue determinante en su desarrollo el haber vivido, durante su infancia y primera juventud, los momentos más álgidos de la Revolución Mexicana, que marcaron notablemente su espíritu, afiliado por siempre a los derechos de los más desvalidos.

Siguió sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria. Después se inscribió en las facultades de Ingeniería Civil y Jurisprudencia, además de la Escuela de Altos Estudios, actual Facultad de Filosofía y Letras. En la que tomó cursos de Metodología y Técnica de la Historia, compartiendo clases con el filósofo Alfonso Reyes.

Hacía los tres estudios simultáneamente, además de prestar sus servicios como profesor de Dibujo y Pintura Decorativa en la escuela La Corregidora de Querétaro, una de las técnico-industriales famosas de la época, lo que muestra su temprana relación con este tipo de educación.

Como estudiante, Luis Enrique Erro participó en los movimientos de su época, llegó a ser campeón estudiantil de lucha libre y fue fundador y director de las revistas “Gladios” y “San Ev. Ank.”

A los 21 años, el gobierno de Don Venustiano Carranza lo envió comisionado a España para hacer propaganda al movimiento revolucionario, situación que el joven Erro aprovechó para estudiar Literatura Castellana, Griego Clásico y Ciencias Sociales. Parece ser que su padre deseaba que siguiera la carrera de abogado, que a él no le satisfacía, por lo que la combinó con otro tipo de estudios.

Más tarde, cuando Adolfo de la Huerta era Ministro de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, trabajó en esta dependencia y en 1923 viajó a Cuba para recuperar un dinero robado. Ahí lo sorprendió el movimiento huertista y su derrota, por lo que se encontró en una situación precaria, que pudo aliviar dando una serie de conferencias en el Centro Asturiano, sobre cómo aumentar las ventas en casas comerciales.

Fue tal su éxito, que lo invitaron a trabajar en una de las casas comerciales más importantes de La Habana de ese entonces, "La Casa Grande. Luis Enrique Erro poseía una gran facilidad para los números y una visión comercial heredada de su padre, por lo que tomó un curso de Contabilidad por correspondencia.

En 1925, a los 28 años, se casó con Doña Margarita Salazar Mallén en Cuba. Poco después y gracias a la gestión de Don Manuel Puig Casauranc, Ministro de Educación, quien fue a La Habana de viaje de bodas, Erro pudo regresar a México.

A su regreso, volvió a ser funcionario público y además se dedicó con éxito a algunas actividades comerciales, como la de panadero, que le proporcionaron una situación económica más cómoda.

A los 34 años, como Jefe de Estadística Económica, en la Dirección Nacional de Estadística, publicó un interesante “Estudio sobre Números Índices". Ahí conoció a Adolfo Ruiz Cortínez, que ocupaba otra jefatura de esta Dirección, con quien estableció una leal amistad que duraría toda la vida de ambos.

Al año siguiente, 1932, Luis Enrique Erro fue nombrado Jefe del Departamento de Enseñanza Técnica, Industrial y Comercial. Modificó los planes de estudios e impulsó la enseñanza técnica del país, quedando establecidas la Escuela Superior de Ingenieros Mecánicos y Electricistas, ya de honrosa tradición, y la Escuela Superior de Construcción.

Esta trascendente labor no satisfizo la pasión que Luis Enrique Erro tenía por mejorar la educación nacional. Su espíritu tenaz e inquieto lo llevó a participar en forma muy destacada en la gran Reforma Educativa que, por aquella época, se dio nuestro país.

Cuando asistió a la Segunda Convención Nacional del Partido Nacional Revolucionario en Querétaro, donde se delineó el Plan Sexenal en 1933, durante la acalorada discusión donde la gradería protestaba airadamente, Erro comenzó a hablar sin escucharse por los gritos de los asistentes, hasta que el público se quedó silencioso, transformado por su brillante exposición.

El 1o. de julio de 1934, Erro fue electo diputado federal. Inteligente, preparado, inquieto, ávido de saber, con una magnífica capacidad de retención, malicioso, a veces cordial y sin la afición de acumular dinero, fue nombrado Presidente de la Comisión de Educación Pública, encargada de proponer la reforma del Artículo Tercero Constitucional, un asunto espinoso.

Erro trabajó con gran ahínco en la formulación y sustento de la publicación del PNR “La Educación Socialista” y fue designado Presidente del Congreso para el mes de septiembre de 1936, en que le correspondió contestar el Informe Presidencial de ese año.

Como orador, tenía un estilo llano, conciso y con un gran manejo de la ironía, misma que practicó con gran tino e inteligencia, provocando siempre la polémica y exaltando los espíritus. Quedan testimonios de las grandes ovaciones recibían sus intervenciones.

La proposición de reforma reflejaba el definido espíritu socialista de Luis Enrique Erro, así como la conjugación de sus dos pasiones vitales: la educación de la juventud mexicana y la Astronomía, ya que en el texto propuesto para el Artículo Tercero, hablaba de "crear en la juventud un concepto racional y exacto del Universo" y, más adelante, preveía el establecimiento de observatorios.

En 1935 formó parte del Consejo Nacional de Educación Superior y de la Investigación Científica, junto con Miguel Othón de Mendizábal, Juan O'Gorman, Enrique Arreguín e Isaac Ochoterena.

Al año siguiente fue creado el Instituto Politécnico Nacional, que se convertiría en una institución de gran prestigio. Erro dejó un camino ampliamente cultivado y los frutos no se hicieron esperar, por lo que se cuenta con gran orgullo entre los precursores de su creación.

Al terminar su gestión como diputado federal, Luis Enrique Erro ingresó al Servicio Exterior Mexicano, desempeñando algunos cargos diplomáticos. En París colaboró en la Embajada de México, escribiendo durante su estancia un libro titulado "En Francia".

En ese país, a los 40 años, le practicaron una intervención quirúrgica en el oído derecho, debido a una dolencia que padecería por el resto de sus días, ya que no tuvo mucho éxito la operación.

Un año más tarde, el General Lázaro Cárdenas, quien lo tenía en gran estima, le proporcionó, como compensación por su buen desempeño durante su gestión en la embajada de México en París, una buena cantidad de dinero para que se hiciera otra operación.

Erro no confiaba mucho en los resultados de una nueva intervención, por lo que decidió comprar, con ese dinero, un telescopio Zeiss a un aficionado astrónomo francés, cumpliendo el sueño de su infancia. A partir de 1938, su actividad se encaminó definitivamente hacia lo que realmente fue su pasión: la Astronomía.

Ese año, como Secretario en la Embajada de México en Washington, se puso en contacto con León Campbell, coordinador del proyecto "Estrellas Variables", tomando algunos cursos en el Observatorio de la Universidad de Harvard.

Campbell lo presentó con el famoso Doctor Harlow Shapley, primer observador de Galaxias, quien lo comisionó para que estudiara algunas estrellas variables, de las cuales descubrió 20. Erro publicó los resultados de su investigación en el “Boletín del Observatorio de Harvard”, así como otra sobre estrellas ráfaga. En adelante ya no dejó el estudio de los astros.

En 1940, Erro, quien ya se había quedado sordo, regresó a México y participó destacadamente en la campaña política que realizó el entonces candidato a la presidencia de la república, Manuel Ávila Camacho, quien al triunfo electoral le ofreció un puesto en su gobierno. Éste declinó tal honor y pidió al presidente electo la fundación de un observatorio de Astrofísica.

Luis Enrique Erro logró convencer al presidente Manuel Ávila Camacho de que financiara la construcción de un observatorio astronómico de gran calidad, para que en México se realizara investigación de mayor alcance científico. El crecimiento de la capital, el aumento de la luminosidad y la trepidación del suelo debido al tráfico, dificultaban ya las investigaciones del Observatorio Astronómico Nacional.

Se buscó el sitio más apropiado y se sugirió inicialmente trasladarlo a Taxco, pero el presidente Manuel Ávila Camacho tan sólo pidió que se estableciera en su estado natal, Puebla, por lo que se escogió el bello poblado de Tonantzintla, cerca de la capital poblana, por sus favorables condiciones atmosféricas, que permitirían las observaciones astronómicas.

Gracias al empeño de Luis Enrique Erro y sus contactos con la comunidad astronómica de Harvard, el proyecto se completó con todo éxito.

Aunque el instrumental disponible del observatorio era escaso, se contaba con un gran telescopio tipo Schmidt, de diseño novedoso, instalado bajo una insólita cúpula dodecagonal. Tonantzintla fue una de las pocas instituciones en poseer uno de los mejores instrumentos que existían en esa época.

La óptica fue obra de Perkin-Elmer, firma que aún hoy es una de las mejores en su ramo, y las partes mecánicas en los talleres del Observatorio de Harvard.

Un dato curioso es que las partes del telescopio fueron conducidas en camión desde Cambridge, Massachussets, hasta la frontera en Laredo por dos jóvenes astrónomos, ambos estudiantes graduados de Harvard: uno mexicano y el otro estadounidense, ambos menores de 25 años de edad, en una demostración de confianza hacia la juventud.

En una colina con vestigios de la historia prehispánica de México, se elevaban edificios y casetas recién construidas; su color amarillo brillaba intensamente bajo el sol invernal. Se aguardaba la llegada del presidente Don Manuel Ávila Camacho y su comitiva

Estaban congregados alrededor de la escalinata del edificio principal, frente a los dos volcanes, los dirigentes del pueblo de Tonantzintla, del estado y la ciudad de Puebla, secretarios de Estado, diputados y senadores, un grupo de reconocidos intelectuales, maestros y científicos mexicanos, así como destacados astrónomos estadounidenses. Los europeos se encontraban aislados a causa de la Segunda Guerra Mundial.

Así se celebraba la inauguración del Observatorio Astrofísico de Tonantzintla el 17 de febrero de 1942, acto que daría la pauta y marcaría el principio de una nueva época en la ciencia mexicana.

El Doctor George Dimitroff, de Harvard, viajó a México para supervisar personalmente el montaje del telescopio e hizo la demostración, ante los asistentes a la ceremonia de inauguración, de que el telescopio funcionaba. En las noches anteriores, Dimitroff, sus ayudantes y el mismo Luis Enrique habían pasado muchas horas sin descanso en el telescopio, dándole los últimos retoques.

El observatorio inició sus actividades con un evento de gran calidad académica: el "Primer Congreso Interamericano de Astrofísica", en el que se contó con la asistencia de científicos mexicanos y una treintena de los astrofísicos más distinguidos de la época.

Los temas tratados fueron sobre la estructura y la constitución de la Vía Láctea, nuestra galaxia, y la relación de ésta con otros sistemas galácticos. La reunión fue una de las más importantes en la historia de la ciencia debido al gran número de nuevos adelantos y descubrimientos reportados por primera vez.

Las festividades incluyeron varios actos sociales, como recepciones, banquetes y paseos. Todos los participantes expresaron su satisfacción porque la astronomía contaba a partir de entonces con un observatorio en una latitud geográfica de +19º, desde donde podría alcanzarse a estudiar casi la totalidad de la Vía Láctea.

Pasada la emoción y euforia de la inauguración, la realidad era que se trataba de una institución que había nacido de la nada, con elementos humanos que se enfrentaban con un tema nuevo o bien fragmentariamente conocido. Un ambiente de investigación no se puede crear por decreto y Tonantzintla no podía ser una excepción.

Cuando el observatorio fue inaugurado en 1942, en México no había un solo astrónomo formado y Erro se negó sistemáticamente, fundamentado en el nacionalismo de la época, a que vinieran astrónomos europeos que habían huído de la guerra.

Un grupo de jóvenes entrenados en la Universidad Nacional de México en Física Teórica estaba entusiasmado ante la perspectiva de hacer Astrofísica y se procuró darles instrucción.

El mismo Luis Enrique Erro les daba charlas sobre de Astronomía durante las largas noches de observación en el telescopio, animándolos y entusiasmándolos. Hubo un seminario en mecánica cuántica, otro sobre la dinámica de sistemas estelares y un cursillo sobre fotometría astronómica.

Por otro lado, el telescopio Schmidt no tenía una óptica tan buena como se esperaba, pero se trató de llevar adelante algunos programas sobre estadística estelar, un legado de Harvard; el tiempo mostró lo obsoleto de tal investigación. Sin embargo, con lo que se disponía de instrumental, bien podían hacerse contribuciones valiosas sobre cúmulos estelares en la galaxia.

En el curso de los primeros años ningún trabajo fue publicado dentro de la línea que trazaban los astrónomos de Harvard. El anhelo de los científicos mexicanos era encontrar un camino propio.

Un año después de la inauguración del observatorio, Erro organizó un congreso de Física en Puebla, al que asistió un elenco de científicos extranjeros, con el objetivo de llamar la atención sobre el nuevo observatorio e impulsar la ciencia en México.

Estas actividades no fueron suficientes para satisfacer las aspiraciones de los jóvenes, quienes no veían en el trabajo de observación una meta teóricamente alcanzable; la teoría y la observación se mantenían obligatoriamente separadas, puesto que la cámara Schmidt no rendía datos astrofísicos cuantitativos.

Existía inquietud y aumentaban las tensiones entre el personal y la dirección. El éxodo se iniciaba. Varios elementos valiosos se alejaron para integrarse al Instituto de Física o al de Matemáticas, recién creados por la UNAM. Erro había logrado crear el observatorio, pero había fracasado en su trato con los científicos.

Afortunadamente, al finalizar la II Guerra Mundial, Rivera Terrazas regresó después de haber radicado un año en Yerkes y Guillermo Haro regresó de su estacia en Harvard, a donde había sido enviado por Erro.

Haro, un filósofo interesado en la Astronomía, con gran carácter, y fuerza de voluntad, aprovechó el vacío que había en Harvard por el conflicto bélico, pasando las noches observando y los días estudiando. Impresionó con su capacidad a sus profesores y, en ausencia de los astrónomos, dedicados a trabajos relacionados con la guerra, se le encargó la dirección de la estación de observación de Harvard.

De regreso a México comenzaron sus diferencias con Luis Enrique Erro, quien lo despidió de Tonanzintla. Haro tuvo tratos con la Universidad de Harvard para ir a trabajar a un observatorio que se estaba construyendo en Sudáfrica, pero recibió un ofrecimiento de la UNAM para dirigir el viejo observatorio de Tacubaya.

Entusiasmado con el proyecto, aceptó inmediatamente y se dispuso a construir un nuevo observatorio, pero no recibió el apoyo de Harvard. Entonces Erro lo invitó a hacer las paces y a trabajar en Tonanzintla, donde realizó importantes descubrimientos.

En 1945, el espejo de la cámara Schmidt, refinado su tallado en los talleres de Perkin-Elmer, volvió a Tonantzintla junto con un nuevo prisma objetivo, con lo que se diversificaba la investigación realizable con el telescopio, dando la enorme ventaja de poder estudiar el espectro de los objetos celestes, estrellas y nebulosas.

Con el sabio uso del nuevo equipo, imaginación, tenacidad y entusiasmo, pronto aumentó el rendimiento astrofísico del observatorio. Sus investigaciones ya aparecían publicadas en revistas científicas, se daban pláticas en la Sociedad Astronómica de México y se vivía una intensa actividad en Tonantzintla.

A partir de 1950 se dieron a conocer los descubrimientos de estrellas de alta luminosidad y gigantes en el ecuador galáctico, de nebulosas planetarias, de estrellas azules, de supernovas en otras galaxias y de novas en la región de Sagitario.

El director Erro cosechaba finalmente el fruto tan deseado de la institución que fundó y guió durante los primeros años, difíciles e inciertos. Tonantzintla había encontrado su camino.

Desde que se convirtió en Director del Observatorio Astrofísico de Tonantzintla, Erro fue un asiduo columnista del periódico Excélsior, en donde publicó, fundamentalmente, artículos astronómicos.

Escribió también "Axioma. El Pensamiento Matemático Contemporáneo", “Tratado sobre Astronomía” y "Las Ideas Básicas de la Astronomía Moderna".

Luis Enrique Erro permaneció como director del Observatorio de Tonantzintla hasta 1950, cuando a los 53 años decidió retirarse para dejar el paso de los jóvenes, considerando que su tarea ya estaba cumplida.

Regresó a la Ciudad de México, en donde continuó con su labor literaria. En una muestra de su versatilidad y amplia cultura, publicó un tratado sobre "El Lenguaje de las Abejas".

A pesar de que dejó el ámbito público a partir de 1940, Luis Enrique Erro siempre fungió como consejero de la Presidencia de la República, desde Lázaro Cárdenas hasta Adolfo Ruiz Cortínez.

Al año siguiente fue internado en el Hospital de Cardiología por un grave problema cardíaco, situación que aprovechó para escribir su novela "Los Pies Descalzos", donde hace una brillante exposición costumbrista de la actividad revolucionaria de Emiliano Zapata.

Lamentablemente su corazón quedó herido, hecho que fatalmente lo condujo a una muerte prematura el 18 de enero de 1955, cuando acababa de cumplir 58 años.

Por voluntad suya, sus restos fueron incinerados y llevados a Tonantzintla. El entonces director, Guillermo Haro, decidió colocarlos en un pilote que señala la posición geográfica del observatorio.

Erro había escrito en colaboración de su entrañable amigo Arturo Rosenblueth un ensayo, "Acerca de Cibernética", dos guiones cinematográficos inéditos: "La Marcha hacia el Mar" y "Por Aquí Pasó Cortés”, así como un ensayo sobre los libros del padre Garibay, "La Llave del Náhuatl" y "El Náhuatl".

El Instituto Politécnico Nacional levantó dos monumentos en honor del gran mexicano Luis Enrique Erro: la Escuela Técnica Comercial, hoy CECyT Luis Enrique Erro y el Planetario de la Unidad Profesional de Zacatenco, cuya función primordial es la enseñanza de la Astronomía a la juventud mexicana.

En homenaje póstumo, la Unión Astronómica Internacional inmortalizó el nombre de Erro en uno de los cráteres de la Luna, ubicado en las coordenadas lunares: latitud 6 grados Norte, longitud 98 grados Este.

Durante su fecunda vida, Luis Enrique Erro fue, ante todo, un hombre que vivió permanentemente enamorado de su trabajo y que supo servir a los demás, sin esperar que los demás le sirvieran.

Su obra permanece entre nosotros y sirve de base, estímulo y ejemplo en lo que fueran las dos grandes pasiones de su vida: la Astronomía y la educación de la juventud mexicana.



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